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jueves, 25 de noviembre de 2010

Infidelidades de mayores de sesenta años

David C. Atkins, investigador del Centro de Estudios de la Salud y Comportamientos Riesgosos, de la Universidad de Washington y coordinador de un estudio sobre datos reunidos desde 1991 hasta 2006, muestra algunos cambios sorprendentes, comentando que estos investigadores encontraron que el registro de las infidelidades de hombres mayores de 60 años aumentó de 20% en 1991 a 28% en 2006, para las consideraciones prácticas, casi una mitad más. Para las mujeres de más de 60, el aumento es mayor, del 5% a 15%, durante el mismo lapso, o sea, se triplicó.

Para entender estos cambios se aventuraron varias hipótesis. Entre ellas, que nuevas drogas y tratamientos facilitan a la gente mayor mantenerse sexualmente activos, y, en algunos casos, llegar a ser infieles: el sildenafil –más conocido por su nombre comercial, Viagra- y otros fármacos para la disfunción eréctil y los suplementos de estrógeno y testosterona para mantener el ansia sexual femenina y la salud vaginal. Se ha considerado que, incluso, avances como mejores prótesis de caderas también favorecen esta forma de vida sexual.

Helen E. Fisher, investigadora y profesora de antropología de Rutgers y autora de varios libros sobre las bases biológicas y evolutivas del amor y el sexo, opina,
- Tienen salud física para expresar su sensualidad mientras se hacen mayores.

Hipótesis tímidas, saludables y fisiológicas, que van un poco más allá de los asertos populares. Ya se sabe, desde el imaginario colectivo se sostiene que la vejez es asexuada o de perversión confinada.

Para rebatirlo con dos versos que recorto de una conocida canción de Andrés Calamaro,

Pueden robarte el corazón,

Pero el amor es más fuerte,

En todos mis libros he considerado temas de la tercera edad. En CONSTRUCCIÓN DEL AMOR Acerca de relaciones duraderas, en el capítulo Quién es Quién, he escrito,

La fundación especializada en temas de amor, declaraba, a través de su vocero, su sorpresa ante el hallazgo que interpretaba como desubicación general del público, gente de cincuenta años buscando el gran amor de su vida, gente de setenta años noviando. Tal vez debieran dedicarse a otra mira distinta que una fundación para el amor. Guillermina lloraba de pena, a sus setenta y tres años. Es que su novio de setenta y nueve la dejó por otra, que, por si eso fuera poco, era mayor que ella.

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